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¡Se acabó el verano!

Pues sí. Atrás quedan los agradables paseos por la playa, los tonificantes baños de sol, el arte de saber colocar la sombrilla para que no se la lleve el viento, el niño que llora en la toalla de al lado  cuando estás a punto de dormir la siesta, la arena que despide la chancla del bañista que pasa junto a ti…y otro sinfín de momentos inolvidables que hacen del verano esa estación especial en la que aprovechamos para descansar, o eso se supone. Pero mi intención no era hacer crítica del noble arte de vaguear, lo que pretendía era reflexionar el motivo por el que tenemos diferentes estaciones. De hecho la idea me surgió, emulando a Newton, viendo caer la hoja de un árbol.

 

 

Otoño. Los ingleses lo llaman “Fall”, lo que viene a traducirse como “la caída”. El motivo de llamarlo así tiene que ver con el movimiento descendente de las hojas de aquellos árboles que son caducifolios. Y esto, ¿a qué se debe?. Veamos, por un lado, el color verde de las hojas es debido a que poseen en su interior clorofila, un pigmento fabricado por las propias hojas que tiene como finalidad realizar la  fotosíntesis. Esto que puede parecer trivial, no lo es tanto. La vida en nuestro planeta se mantiene gracias al oxígeno que se genera con esta función. Así, las algas y algunos tipos de bacterias, en el mar, y las plantas, en tierra, generan ese preciado elemento sin el cuál el ser humano dejaría de serlo. No obstante, no parece que esto importe mucho visto al ritmo al que arden nuestros bosques y contaminamos los mares… Me desvío del tema. Como decía, tenemos en nuestros árboles caducifolios (aquellos que pierden sus hojas tras el verano) unas hojas verdes que tienen ese color debido a la clorofila y que ésta se produce mientras la luz solar incida con la suficiente energía. Al llegar el otoño, la Tierra recibe los rayos solares con menor intensidad.

 

Esto conlleva que las hojas dejen de producir clorofila, y que la que había en la hoja comience a deteriorarse. En su lugar aparece la xantofilia, quien es responsable de que las hojas comiencen a tornarse amarillentas y, posteriormente, marrones. Conforme pasa el tiempo este proceso finaliza con la hoja completamente seca por lo que, lo único que la mantiene en el árbol es una débil unión que, con una ligera brisa, terminará por romperse. Uno podría pensar que las hojas no son muy útiles para el árbol. Pero lo son, y mucho, pues le sirven para aportarle la mayor parte de las sustancias que necesitará durante el invierno. Además, sirven de almacén de sustancias perjudiciales que son eliminadas al caer las hojas. Esta estrategia nos permite disfrutar de sombras en verano, pues las hojas no dejan pasar la luz del sol, y de luz en invierno, al perderse éstas, motivo por el cual las ciudades suelen tener árboles de hoja caduca.

 

 

Todos, más o menos, reconocemos el Otoño por la caída de las hojas de los árboles, como acabamos de comentar, pero si le preguntáramos a cualquier persona cuántas estaciones tiene el año seguramente respondería que cuatro: Primavera, Verano, Otoño e Invierno.

 

Pero quizá se equivocara pues la pregunta es ambigua. Para responder correctamente habría que indicar el lugar del planeta. Si, queridos, en las regiones ecuatoriales (paralelo 0º) tan sólo tienen dos estaciones la seca y la húmeda, a partir del paralelo 7º se distinguen las cuatro enumeradas anteriormente. Pues muy bien, oiga, pero ¿cómo se determina el comienzo o el final de una estación?. Pues existen cuatro métodos:

 

Astronómico. Las estaciones vienen determinadas por los solsticios, que son los momentos en los que el Sol alcanza su mayor o menor altura aparente en el cielo. Esto ocurre dos veces al año, el 20 o 21 de Junio y el 21 o 22 de Diciembre. Y también vienen determinadas por los equinocios, que son los momentos en los que la duración del día y de la noche es la misma en todos los lugares del planeta. Esto también ocurre dos veces al año, el 20 o 21 de Marzo y el 22 o 23 de Septiembre.

 

Meteorológico. Presenta ligeras variaciones respecto del método astronómico pues se tienen en cuenta indicadores como la temperatura o las precipitaciones. Por ejemplo, el verano meteorológico se correspondería con los meses de Junio, Julio y Agosto, en el hemisferio Norte, y Diciembre, Enero y Febrero, en el hemisferio Sur, por ser los meses en los que se registran las temperaturas más altas.

 

Fenológico. Tiene en cuenta las variaciones que se experimentan en la naturaleza, lo que supone que en diferentes regiones los cambios sean completamente diferentes.

 

Tradicional asiático/irlandés. ¡Aquí se les ha ido la pinza!. Este método no lo cuento. Según él, el Otoño es más cálido que la Primavera.

 

Como habréis podido intuir, el método clásico empleado para la determinación de las estaciones es el astronómico por resultar el menos propenso a cambios en las medidas que se realizan para determinar el comienzo y el fin. Pero, ¿por qué tenemos solsticios y equinocios? La creencia popular es que existen debido a la trayectoria elíptica que describe la Tierra en su movimiento con respecto al Sol. Puesto que el Sol ocupa uno de los focos de la elipse, la Tierra registrará una posición en la que se encontrará muy cerca del Sol (perihelio) y también un punto en el que se encontrará muy lejos (afelio). Pero eso no es así, pues la diferencia entre la distancia del afelio al perihelio es de tan sólo 5 millones de kilómetros. Esta distancia, que puede parecer grande, no lo es porque estamos en un contexto de 152 millones de kilómetros. Así que, descartada esta opción como principal causante de variaciones en el clima, ¿quién es el responsable?. La respuesta está en la inclinación de la Tierra con respecto al plano en el que orbita. De no existir tal inclinación no se producirían los solsticios ni los equinocios pues la posición relativa de la Tierra respecto al Sol sería siempre la misma. Una de las consecuencias de esa desviación del eje de giro de la Tierra con respecto a la vertical supone que, por ejemplo, los veranos no sean igual de calurosos en el hemisferio Norte que en el Sur. En el primero hay más cantidad de tierra, por lo que en los meses de más calor, la superficie terrestre disipa calor, lo que deriva en temperaturas más altas que las registradas en el hemisferio Sur que, al tener mayor cantidad de agua, registra temperaturas más suaves pues la disipación de calor se produce con mayor lentitud. Lo mismo sucede en los meses de frío, siendo las temperaturas más suaves en el hemisferio Sur. Así que, las estaciones no se manifiestan de igual forma en un hemisferio que en otro.

 

 

 

 

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